jml

· Los bautistas y su música (58)

 © 2026 Josep Marc Laporta


Solemnidad versus lentitud del canto

A lo largo de gran parte del siglo XX, tanto los coros como las congregaciones bautistas y, también, las iglesias evangélicas españolas en general, tuvieron una característica común: la asociación entre solemnidad y lentitud en el canto. Una relación que tendría su raíz en la cultura católica, cultivo de formas eclesiásticas parsimoniosas que impregnaba todo comportamiento religioso y, por ende, la percepción de social de la divinidad. Era un fondo sociológico labrado en una sociedad absolutamente católico-romana, que históricamente había bebido del misticismo y la contemplación estética y cinestésica de lo sobrenatural. Consecuentemente, cualquier manifestación efusiva y entusiasta de la fe debía ensamblarse o incrustarse en el ritual de la solemnidad y del ceremonial, bajo protocolos rituales muy ordenados y consolidados. Consecuentemente, salirse de tales parámetros litúrgicos podría llegar a ser considerado sacrílego e irreverente. Incluso, nuevas formas de expresión podrían llegar a ser, prácticamente, un motivo de excomunión.

El protestantismo, y en nuestro caso los bautistas, fue parte de la cultura religiosa predominante. Como españoles socialmente catolizados, bebieron de las mismas fuentes litúrgicas y protocolarias, reproduciendo un modelo forjado en siglos donde la devoción se vinculaba al quietismo, y la espiritualidad al recogimiento y la contemplación pasiva. Si bien los himnos protestantes de la Reforma y de los diferentes avivamientos históricos aportaron a los evangélicos españoles una mirada devocional de la deidad mucho más renovada y expresiva, el poso del canto latino de las misas católicas y sus iterativas litúrgicas, en realidad no permitió despegarse de una determinada lentitud en la interpretación de los himnos.

En 1926, un escrito en el rotativo España Evangélica denota la sociología imperante: «Lo que se necesita es que haya correspondencia entre la expresión y la emoción. Que no cantemos el himno ‘Cantad alegres al Señor’ con música de endecha, ni un himno de arrepentimiento en tono de vals y con voces chillonas. No sé si la música de vals es a propósito para momento alguno en el cuto, aunque haya himnos a los cuales no va mal una música así. Pero si sé que hay música solemne, melodiosa, que se adapta mejor a un ambiente de reverencia. […] ¡Reverencia! Reverencia en el pastor y reverencia en la congregación. La reverencia en el pastor es por sí misma un sermón».

Sin embargo, el contraste estético de los nuevos himnos protestantes con la anticuada liturgia católica, presentaba otras variables. En el mismo año que el anterior escrito –1926–, Samuel Vila Ventura (1902-1992) relataba en el Mensajero Bautista la conversión de un hombre muy fanático que defendía a los curas y a su religión siempre que se atrevían a atacarlos en su presencia. Un día su esposa le dijo: «¿Quieres venir a un lugar donde predican el Evangelio? El hombre halló muy ridículo eso de predicar el Evangelio y dijo: ‘Voy a ir para reírme de esa gente’. […] Al llegar al local, nuestro católico oyó cantar un himno que decía: Oíd, oíd, lo que nos manda el Señor, marchad, marchad, hablad de mi amor. Los deseos de reírse desaparecieron inmediatamente. Halló la reunión más solemne de lo que pensaba. La predicación conmovió profundamente su ser. […] Especialmente resonaban en sus oídos las palabras del cántico que conmovió su corazón».

La peculiar solemnidad musical en los cultos españoles también fue el tema de una entrevista de 1965 en el Eco por parte del pastor Rubén Gil Pendón (1929-2020) al evangelista Fernando V. Vangioni (1912-1995). «¿Cree Ud. que el sistema americano de evangelismo, alegre por lo general, va bien en países amantes de la solemnidad en el culto como en este caso es España?». Respondía Vangioni: «Yo creo que le interpreto, si digo que en España que tiene un gran antecedente religioso, un cierto temor reverencial al culto y a la forma en que se desarrolle, el evangelismo debe ser aplicado con sabiduría en ese sentido. Creo que la seriedad conviene a todos los públicos. Creo que el respeto y la seriedad con que se debe rodear un culto, la solemnidad que debe caracterizar el mensaje debe estar presentes en cualquier reunión. Naturalmente depende también de los ambientes y de la clase de gente que esté en la reunión. La atmósfera del cielo debe ser traída a la atmósfera del templo».

En otra entrevista del año 1969, el profesor de música del Seminario Teológico Bautista del Sudoeste en Forth Worth, Texas, y organista del 4º Congreso Evangélico Español, fue preguntado sobre cómo cantan los españoles. La respuesta fue muy directa: «¡Estupendo! Son muy melódicos». En la repregunta formulada de si nos diferenciamos de los norteamericanos en el canto, Thomas W. Hunt (1929-2014) apuntó: «En algunos aspectos». Y profundizó con más detalles: «La introducción musical antes del canto, en España es más corta. En América no se empieza a cantar antes de haber sonado la música hasta la segunda línea». Y apostilló: «Los americanos cantamos más deprisa. Los españoles son más lentos, pero cantan con mucho más entusiasmo».

En 1988, el pastor José Luis Martínez (1942-), que por aquel entonces servía como administrador en la Casa Bautista de Publicaciones en El Paso, Texas, escribía una carta al ministerio de la Comisión de Medios Audiovisuales de la UEBE con las siguientes apreciaciones: «Una pequeña crítica de parte de una joven española universitaria, que vive desde hace trece años aquí y está acostumbrada a escuchar música evangélica de USA y ahora ha recibido dos casets grabados por ustedes en España: Primero, le supieron a gloria, le tocaron el corazón por ser de la Patria. Segundo, le pareció que el ritmo es un poco lento, me decía que en comparación con el ritmo de USA es lento. Y digo yo, probablemente también en comparación con ciertos ritmos de Hispanoamérica. […] ¿No se podría avivar (acelerar) un poco ese ritmo?».

El ancestral poso ritual católico tuvo una gran ascendencia en el pueblo evangélico y en su manera de entonar los himnos. Para muchos creyentes, cantar solemnemente significaba cantar lento, aunque incluyendo matices de cierta pompa y fastuosidad que, en realidad, no acababan de elevar el ritmo o el tiempo de interpretación. Incluso, el canto se arrastraba, aletargando las frases hasta descompasarse del órgano, que guiaba y acompañaba. Con todo, es indudable que la baja cultura musical de las congregaciones de la época también contribuyó, incorporando vicios que se traspasaban empáticamente al coro de la iglesia.

En el siguiente vídeo se puede escuchar una recopilación de himnos por tres congregaciones que representan tres décadas: 60, 70 y 80. Primeramente, una campaña celebrada en Xàtiva del 4 al 6 de junio de 1965 que congregó a más de 500 personas, donde 27 aceptaron seguir a Jesús. El predicador invitado era el conocido evangelista Fernando V. Vangioni (1912–1995), que fue acompañado por dos músicos de nivel: el tenor Jorge Sánchez (1938-2009) y el organista Pierre Van Woerden (1924–1990). Los más de 500 asistentes entonaron ‘Grata certeza’. Seguidamente podemos escuchar la congregación de la IE Bautista de València en la década de los 70, entonando el canto navideño ‘Suenen dulces himnos’ (02:57). Y, por último, los congregados en la IEB de Dénia en 1986, cantando el himno ‘Del amor divino’ (06:28).

Y en cuanto a los coros de iglesia, en el siguiente vídeo se puede escuchar a cuatro de ellos representando tres décadas. De 1964, el Coro de la IEB de Alacant, interpretando ‘Yo espero la mañana’. De 1975, el Coro de la 1ª IEB de Madrid, cantando ‘Por tus ojos en Cristo’ (01:38). De 1981, el Cor Familiar Horeb de Terrassa, con un canto navideño: ‘El coro angelical’ (05:03). Y de 1988, el Coro de la IEB de València interpretando ‘Canten a Cristo, Rey’ (06:59).





No hay comentarios:

Publicar un comentario